Soñar cuesta muy poco...
Soñar cuesta muy poco...

DÍA 4 PARÍS, 15 diciembre 2014

Nos levantamos pronto y volvimos a separarnos, ya que la familia quería subir a la Torre Eiffel. Nosotros, que ya la habíamos visitado, decidimos descubrir otras partes de la ciudad. Yo soy un aficionado a todo tipo de deporte y París es una ciudad con una oferta deportiva inigualable, por lo que nos dispusimos a conocer esa parte de la ciudad.

Nuestra primera visita fue el complejo tenístico Stade Roland Garros, sede del Abierto de Francia o Torneo Roland Garros, uno de los cuatro Grand Slam del circuito de tenis profesional. El recinto está formado por varias pistas de distinto tamaño, entre las que destacan la Suzanne-Lenglen, en honor a la tenista francesa de los años 20, y, sobre todo, la Philippe-Chatrier, sede de la final del torneo y pista de mayor superficie y aforo del complejo. Cabe destacar que un mallorquín como nosotros, Rafael Nadal, es el jugador que más veces ha ganado el torneo, hasta en 9 ocasiones.

 

A poca distancia a pie se encuentra otro de los centros deportivos más importantes de la ciudad: el Parque de los Príncipes, estadio oficial del equipo de fútbol del París Saint-Germain, con capacidad para 48.000 espectadores y que fue una de las sedes del Mundial de 1998.

Al finalizar nuestra ruta volvimos a juntarnos con la familia para visitar el Palacio Nacional de los Inválidos, un imponente complejo aquitectónico que en du sía servía de residencia para los soldados franceses retirados y que hoy contiene el Museo del Ejército, uno de los mejores museos militares del mundo. Además, en el mismo recinto podemos encontrar la Iglesia del Domo, que alberga el sarcófago con las cenizas de Napoleón I. Tanto el exterior como el interior del edificio son realmente espectaculares. Una visita muy recomendada.

 

Desde allí nos dirigimos al Boulevard de Clichy para visitar, ya con la oscuridad de la noche, el Moulin Rouge. Siguiendo nuestra ruta continuamos en dirección a la Basílica del Sagrado Corazón, precedida por sus interminables escalinatas y desde lo alto de las que se puede avistar todo París. Nosotros optamos por subir en funicular, una experiencia más en la ciudad. El interior de la basílica es ciertamente imponente y es otra de las visitas obligadas de la capital francesa. Por último nos dirigimos al barrio bohemio de Montmartre, uno de los más peculiares y encantadores. Lleno de artistas callejeros, restaurantes, cafeterías y tiendas de souvenirs, el lugar te conquista el corazón desde el primer momento. Además, en época navideña se engalana con luces de colores, cosa que lo hace aún más atractivo.

Para acabar el día decidimos ir a visitar las famosas Galerías Lafayette, uno de los grandes almacenes más visitados del mundo. En su interior podemos encontrar prácticamente todas las firmas de moda de lujo, así como perfumes y joyas. Su enorme cúpula neobizantina corona el edificio y de ella cuelga una enorme lámpara en forma de cono decorada con miles de cristales de colores. Después de comprar algunos recuerdos, nos dirigimos hacia la salida, justo a la hora del cierre, y cual fue nuestra sorpresa cuando vimos a todos los empleados colocados en fila a ambos lados de las puertas aplaudiendo y agradeciendo la visita a toda persona que se dirigía a la calle. Todo un detalle.

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