Soñar cuesta muy poco...
Soñar cuesta muy poco...

DÍA 4  NY(4 octubre 2015)

Como cada día nos levantamos pronto y nos pusimos en marcha enseguida. Unos donuts y un café en Dunkin Donuts nos ayudaron a encarar el día con fuerza. Nuestro destino era Battery Park, en el sur de Manhattan, lugar desde donde zarpa el ferry Statue Cruises, cuyo billete es gratuito presentando la NY Pass.

 

El viejo y ruidoso barco nos llevó hacia Liberty Island para visitar la archiconocida Estatua de la Libertad, icono de la ciudad de Nueva York, un gran monumento de 46 metros de altura que fue un regalo de Francia a Estados Unidos. Paseamos por la isla e hicimos decenas de fotos, aunque decidimos no visitar su interior.

Desde ahí volvimos al ferry, que nos condujo a Ellis Island, la antigua puerta de entrada de inmigrantes a Estados Unidos. El museo ubicado en el edificio principal es tan impresionante como sobrecogedor es pensar lo que pasaban todos aquellos que llegaban a tierras americanas por primera vez. Es uno de los lugares que más nos impactaron de la ciudad de Nueva York.

De vuelta al ferry nos dirigimos de nuevo hacia Battery Park, para explorar el distrito financiero de la ciudad. A pocos metros del parque nos encontramos con el famoso Charging Bull, rodeado de turistas, que nos señalaba el camino hacia Wall Street. Una vez allí paseamos por la zona y observamos sus edificios más representativos, el Federal Hall y el edifico de la Bolsa de Nueva York.

Caminamos en dirección oeste hacia nuestra próxima parada, el World Trade Center, recinto donde estaban ubicadas las malogradas Torres Gemelas, y que ahora alberga una cantidad infinita de rincones interesantes. Nos quedamos embobados mirando las enormes fuentes que ocupan el espacio vacío de las antiguas torres y que homenajean a los fallecidos en los atentados del 11-S. Visitamos el 9/11 Memorial Museum, a los pies de la Freedom Tower, que aún estaba en construcción. El museo es enorme y realmente impactante; la teatralidad americana es ciertamente insuperable. La pequeña iglesia de St. Paul’s Chapel también fue nuestra última parada en la zona. Aprovechamos para comer un trozo de pizza en la famosa pizzería Pronto Pizza y nos volvimos a poner en marcha.

 

Cogimos el metro y nos plantamos a los pies del Puente de Brooklyn, con la intención de recorrerlo de lado a lado caminando. El calor sofocante hizo que el camino fuera algo más pesado de lo que pensábamos, pero las fotos que pudimos tomar y la experiencia de estar en un lugar tan mítico como aquel valieron la pena.

Decidimos hacer una parada estratégica en el hotel para dejar las bolsas de las compras que habíamos ido acumulando a lo largo del día y aprovechar para refrescarnos.

 

Estábamos cansados, pero esto era Nueva York, no podíamos desperdiciar una noche en la ciudad más importante del mundo, por lo que descansamos un rato, nos duchamos, nos vestimos y volvimos al centro. Esta vez nuestra parada era el Empire State Building, el edificio más famoso de la ciudad. La entrada cuesta unos 30$, pero con la NY Pass es gratuita hasta la planta 86. El suplemento por subir hasta la 102 es de 15$. Nosotros optamos por la primera opción. Las vistas de la ciudad por la noche eran impresionantes, siempre que consiguieras hacerte un hueco entre la multitud. De todas formas seguimos pensando que las mejores vistas son las que ofrece el Top of the Rock.

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