Soñar cuesta muy poco...
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DÍA 1 LONDRES (29 marzo 2013)

10.25h Vuelo Palma – Londres Stansted.12.00h Llegada.

 

En el mismo Aeropuerto de Stansted adquirimos nuestros billetes de autobús con la compañía Terravision, que conectaba la terminal con Liverpool Street y cuyo coste era de 12 GBP por persona. La parada estaba a pocos metros de la estación de metro. Compramos allí mismo nuestra Oyster Card, una tarjeta que permite el uso ilimitado de los medios de transporte de la ciudad con un precio que varía según la duración. La nuestra era válida para 5 días y costó unos 40 GBP. Cogimos el metro y en dos paradas estábamos en King's Cross, la estación más próxima a nuestro hotel y una de las más concurridas de Londres.

 

En apenas 5 minutos a pie estábamos en la que sería nuestra casa para los próximos 5 días, el Tune Hotel King's Cross (visita aquí su web), un moderno establecimiento que contrasta con el típico hotel londinense de corte más clásico. El hotel está muy bien conectado a través del metro y el bus, además, está rodeado de tiendas y restaurantes, así como de pubs y sports-bar. La habitación era muy pequeña, prácticamente no había sitio para dejar la maleta, el wifi se pagaba a parte y no tenía ventanas. Aún así la estancia fue buena y el precio barato, por lo que si volvieramos a Londres no dudaríamos en repetir.

 

Una vez instalados salimos a conocer la ciudad. Nuestra primera parada, como no podía ser de otra forma, fue la mítica plaza Picadilly Circus, el centro de reunión de locales y turistas en Londres. La zona está repleta de carteles luminosos y sus calles albergan tiendas, cines, teatros y restaurantes de todo tipo. Caminando en dirección sur nos topamos con Trafalgar Square, una extensísima plaza dedicada a la batalla en la batalla de Trafalgar que alberga en su centro la Columna Nelson, homenaje al famoso almirante de la armada británica, flanqueada por varias estatuas de bronce en forma de león.

 
 
La calle del hotel, hotel Tune a la izquierda.
Picadilly circus.
Trafalgar Square.

Dedicamos el resto del día a deambular por la ciudad. Pese al frío las calles estaban llenas de gente. El sol se iba escondiendo, pero aún era pronto para retirarse, así que fuimos a visitar el que es el símbolo de Londres desde tiempos inmemoriales, el Big Ben, probablemente el reloj más famoso del mundo.

 

De camino al hotel paramos a cenar por la zona. La comida inglesa no es la mejor del mundo, hay que admitirlo, pero sus ciudades albergan restaurantes de todas las culturas posibles, por lo que la oferta gastronómica es interminable.

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