Soñar cuesta muy poco...
Soñar cuesta muy poco...

Tokio

DÍA 8 (10 octubre)

 

Ansiosos por conocer Tokio nos dirigimos a la estación de Kyoto para coger el Shinkansen que en 2 horas y media nos llevaría a la capital del país.

Tras un buen desayuno y un viaje en metro cargados con las maletas llegamos a nuestro hotel, el Keio Presso Inn Akasaka. Una curiosidad sobre este hotel es que fue inaugurado el 14 de julio y nosotros realizamos la reserva día 15 de julio, por lo que no sabíamos exactamente qué nos encontraríamos.

Decir que las instalaciones eran geniales y el desayuno estaba incluido.

 
Meiji-jingu.

 

Nuestra primera visita en la ciudad fue el santuario sintoísta Meiji-Jingu, situado en Shibuya, rodeado por un gran bosque cuya entrada está coronada por una enorme torii.

 

Aprovechando que estábamos cerca decidimos caminar hasta el famoso cruce de Shibuya y adentrarnos en las profundidades de la zona comercial que lo rodea. Aquello fue toda una experiencia. Había muchísima gente, sí, pero nadie se chocaba con nadie y todo el mundo respetaba el espacio vital del resto de personas.

Esa es puramente la esencia de Japón.

Cruce de Shibuya.

Comimos en un céntrico local de comida tradicional japonesa en la que se escogía y se pagaba previamente en una máquina ubicada fuera del establecimiento a modo de máquina expendedora. Tras ello, dimos un paseo por la zona, entramos en varios locales de máquinas recreativas, paseamos por las tiendas, nos hicimos unas fotos entre la multitud junto a la estatua de Hachiko y nos maravillamos con la infinidad de luces de neón que adornan la ciudad.

 

Casi sin quererlo, llegamos al barrio de Roppongi, el barrio más animado en las noches de Tokio. Decidimos cenar allí mismo y aprovechar para hacer una visita nocturna a la Tokio Tower, muy parecida a la Torre Eiffel e incluso un pelín más alta, pero definitivamente con menos glamour. Las vistas desde allí eran impresionantes y se podía apreciar la inmensidad de la capital.

DÍA 9 (11 octubre)

 

Decir que este era el día que habíamos reservado para visitar el Monte Fuji, sin embargo la climatología, por primera vez y única en todo el viaje, no nos acompañó. Dada la alta densidad de la niebla y la ligera lluvia decidimos que no era lógico pasar tantas horas en un tren para hacer un par de fotos de una enorme masa nubosa, por lo que optamos por descubrir más a fondo Tokio. Lo que empezaría como un día triste acabaría siendo una de las mejores experiencias de nuestra vida.

Empezamos el día visitando el famoso mercado de pescado de Tsukiji, el más animado del mundo. Las dimensiones son espectaculares y puedes ver como a pocos metros los comerciantes locales venden en la calle los pescados que acaban de comprar al por mayor. Es muy curioso ver como preparan el sushi con ese pescado tan fresco.

De ahí cogimos el metro en dirección a Asakusa donde pareció que viajábamos en el tiempo, puesto que los grandes carteles luminosos dejaban paso a una imagen más tradicional de Japón. Recorriendo un largo camino repleto de tiendas de souvenirs y productos típicos varios, llegamos al templo budista Senso-ji, el más antiguo y uno de los más visitados de la ciudad. La entrada es gratuita, ya que se trata de un recinto abierto y, según nuestra opinión, es parada obligatoria para el turista. A la salida se puede optar por coger un Jinrikishika, una especie de carro tirado por atléticos jóvenes japoneses que por un módico precio te hacen de guía por la zona durante un tiempo limitado.

Senso-ji.

Nosotros no optamos por ese transporte y volvimos al metro. Nuestra siguiente parada era Akihabara, el barrio de la tecnología y el manga, y, de repente, volvimos a ser dos niños pequeños. La zona nos conquistó nada más salir de la parada de metro: edificios enormes dedicados única y exclusivamente al manga (cómics, figuras, música, video…). Podemos decir que no somos muy aficionados a todo este mundillo, pero nos volvimos locos recorriendo los pasillos de esos auténticos museos del “frikismo”. Estábamos fascinados.

 

Comimos por la zona y compramos un par de cómics para tener un recuerdo del lugar.

Nuestro espíritu friki se había despertado y no pensábamos deshacernos de él, así que, aprovechando que el domingo es el día ideal para visitarla, nos dirigimos a la famosa Takeshita Street, en el barrio de Harajuku, donde se reúnen los personajes más frikis y estrambóticos de la ciudad. Es una calle comercial muy interesante, repleta de tiendas y puestos de comida. Las prendas que allí se venden no son para nada corrientes y eso se nota por la gente que por allí deambula: lolitas, gothic lolitas, amantes del cosplay, etc. La calle desemboca en Omotesando, una gran avenida arbolada donde se encuentran las firmas de ropa más famosas en el mundo y que se conoce como Los Campos Elíseos de Tokio.

DÍA 10 (12 octubre)

 

Amaneció un día espectacular y aprovechamos para visitar la torre Tokyo Skytree, la más alta del mundo con 634 metros de altura. No habíamos comprado los pases con anterioridad, así que tuvimos que hacer cerca de 90 minutos de cola. Desde el mismo momento en que nos montamos en el ascensor la experiencia fue increíble. El mirador, situado a 350 metros de altura ofrece una vista panorámica de Tokio e incluso puedes comprar souvenirs, tomarte un café o comer en el restaurante Sky 634.

 

Nosotros, tras admirar las impresionantes vistas y hacer cientos de fotos, optamos por bajar al centro comercial Solamachi que se ubica en los pies de la torre, de unas dimensiones pasmosas, en el que hay una especie de mercado gastronómico en uno de sus pisos, en el que puedes comprar comida japonesa de todo tipo y comértela allí mismo. Nuestra elección fue un surtido de sushi y sashimi y un nikuman, una especie de bola de pasta de harina hervida rellena de carne de ternera o de cerdo, un auténtico vicio.

Tras una breve visita por el centro comercial, el espíritu Friki que había aflorado el día anterior se volvía a despertar. Leímos en una guía que había una tienda de cómics muy famosa cerca de Shibuya que se llamaba Mandarake, así que para allá fuimos. El lugar era como una especie de cueva en la que tenías que bajar cuatro pisos caminando. Una vez dentro aquello fue toda una sorpresa, pasillos enormes llenos de cómics, figuras y películas manga.

Decidimos seguir explorando la zona de Shibuya hasta que se nos hiciera la hora de cenar. Era el momento de disfrutar del bullicio y el ajetreo ordenado de la capital. Callejeamos y descubrimos sitios increíbles.

 

Habíamos oído hablar de una serie de tiendas llamadas Don Quijote, así que decidimos buscar uno para ver cómo eran. Son increíbles! Es como una tienda de los chinos de España pero con mucha más variedad. Visita obligada si se va a Tokio.

DÍA 11 (13 octubre)

Era nuestro último día entero en Japón, así que decidimos dedicarlo a las compras. Habíamos prometido muchos regalos y casi todos ellos estaban aún pendientes de comprar, por lo que nos esperaba un día movido.

 

Nuestra primera parada fue Asakusa, la calle que conduce hasta el templo Senso-ji de la que os hemos hablado anteriormente. Allí pudimos adquirir souvenirs de todo tipo: llaveros, imanes, atuendos típicos japoneses, juguetes, figuras de porcelana, etc. El trabajo estaba medio hecho, así que decidimos desplazarnos a la zona comercial del animado barrio de Shinjuku para visitar unas cuantas tiendas y acabar de comprar los pocos regalos que nos quedaban. Acabamos el día cenando en uno de los restaurantes que se encuentran en la azotea del centro comercial Lumineun lugar espectacular para los amantes de las compras.

 

Volvimos pronto al hotel, ya que nos tocaba hacer maletas y dejarlo todo preparado, ya que a la mañana siguiente debíamos partir muy pronto. Con los ojos llenos de lágrimas y la mente llena de imágenes imborrables, empacamos todo y nos fuimos a dormir.

DÍA 12 (14 octubre)

 

Nos levantamos a eso de las 5.30h de la mañana. Ducha rápida, check-out, maleta en mano y corriendo hacia el metro en dirección a Tokyo Station, donde compramos los billetes para el Narita Express, un tren que viaja desde el centro de la ciudad a las distintas terminales del Aeropuerto de Narita. El coste de cada billete fue de 3.020 yenes (unos 22€). En una hora estábamos en la Terminal 1.

 

Salida Tokio-Narita a las 9:55h. Llegada a Frankfurt a las 14.40h.

 

Salida Frankfurt a las 16.05h. Llegada a Palma de Mallorca 18:10h.

Cuando pisamos nuestra casa eran ya casi las 19h hora local. Sin deshacer las maletas nos metimos en la cama y amanecimos a las 6.30h de la mañana del día siguiente. A partir de ahí, vuelta a la rutina con mucha pena por haber abandonado el maravilloso país que es Japón pero orgullosos y contentos de haber vivido esta experiencia. Viva Japón!

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