Soñar cuesta muy poco...
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Milán

DÍA 1 (13 abril 2017)

  • 10.45h Vuelo directo Palma – Milan Malpensa con Easyjet. Llegada a Milan 12.25h.

 

Puesto que volábamos con Easyjet, aterrizamos en la Terminal 2, donde opera única y exclusivamente esta compañía. El vuelo se nos hizo corto y, pese a ir en los últimos asientos del avión, fue realmente cómodo. El avión se veía nuevo y los asientos eran confortables. No facturamos equipaje, así que la salida del aeropuerto fue rápida. Nos dirigimos a la terminal de trenes, que se encuentra a escasos metros de la terminal, donde compramos dos billetes para el tren Malpensa Express (13€/pax) que nos llevaría a Milano Centrale en apenas 1 hora.

La estación de Milano Centrale es una de las más bonitas de Italia y una de las estaciones principales de Europa. Su bóveda, de 72 metros de altura, supuso un récord arquitectónico allá por los años 20. Varios frescos adornan las paredes interiores y su aspecto exterior es sobrio pero majestuoso, puesto que se construyó como reflejo del régimen fascista de Benito Mussolini.

 

Nuestro hotel, el New York Hotel, está situado a escasos metros de la estación. Escogimos este establecimiento, no solo por sus valoraciones, sino por la situación, ya que para nosotros era primordial estar bien comunicados con otras ciudades vía tren. Las instalaciones eran correctas y puede que repitiésemos si tuviéramos que hacer un viaje parecido a este, pero no lo recomendamos para alguien que tenga pensado quedarse en Milán muchos días. El hotel ofrece desayuno buffet incluido, ese es un punto a favor. El trato del personal es muy correcto y se esforzaron por hablar español, otro punto a favor. Las únicos puntos desfavorables fueron que las camas eran algo duras (estuvimos alojados en 2 habitaciones diferentes, así que no se trata de un caso aislado) y que la zona está llena de mendigos por la noche, que en ningún caso molestaban a los viandantes, pero que no es una imagen agradable para el turista.

Tras el check-in, agarramos el metro hacia el centro, nuestra primera parada: el Duomo. Situado en la plaza del mismo nombre, el Duomo es la principal Catedral de Milán, de estilo gótico y cuya construcción se prolongó por casi 600 años. El exterior es majestuoso, cubierto de mármol blanco. Alcanza una altura de 45 metros y se distribuye en una nave central y cuatro naves laterales. No pudimos visitar el interior ese día, ya que tenía lugar la Ceremonia del Lavado de Pies de Semana Santa y la entrada estaba restringida, así que decidimos aplazar la visita y continuar explorando la zona.

En uno de los laterales de la plaza de encuentran las archiconocidas Galerías Vittorio Emmanuele II, una galería construida en el S.XIX donde se ubican algunas de las tiendas y restaurantes más exclusivos de la ciudad. El recinto en sí mismo constituye uno de los puntos más interesantes de Milán y es, sin duda, visita obligada.

Atravesando la galería nos encontramos con otro de los puntos más conocidos de la ciudad, el Teatro alla Scala, uno de los teatros más famosos del mundo y cuna de autores como Verdi o Puccini.

 

Tras una breve parada en Luini, para degustar uno de sus deliciosos Panzerotti, nos dirigimos a una de las mejores galerías de arte de Milán, la Pinacoteca Ambrosiana. Sus 24 salas muestran obras de autores tan importantes como Leonardo Da Vinci, Botticelli, Bramantino, Tiziano, Caravaggio o Brueghel el Viejo. Las estancias se distribuyen alrededor de un hermoso patio interior y el edificio alberga la Biblioteca Ambrosiana, que contiene, entre otros muchos escritos y libros, más de 1.000 páginas del Codex Atrlanticus de Leonardo da Vinci, una verdadera joya histórica. El coste regular de la entrada es de 15€/pax. Aprovechamos para dar las gracias a la organización, que nos atendió de lujo y nos regaló la entrada. Os dejamos el link a su web en español para más info: http://www.ambrosiana.eu/cms/spagnolo.html.

A la salida de la Pinacoteca, el sol empezaba a caer. Habíamos leído de una zona llamada Navigli, la Venecia de Milán. Un lugar repleto de bares y restaurantes que se distribuyen a lo largo de la orilla de los canales Naviglio Grande y Naviglio Pavese. Allí, sentados en la terraza del StraRipa Bar Art & Friends, tomamos un delicioso Spritz, bebida típica italiana, y picoteamos algo de pasta y queso a modo de cena hasta que cayó la noche. Con la tripa llena volvimos al hotel para descansar.

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