Soñar cuesta muy poco...
Soñar cuesta muy poco...

Nápoles: día 3, 26 marzo 2012.

Amanecimos atracando en el puerto de Nápoles. No notamos en ningún momento el vaivén del barco en ningún momento, uno de nuestros temores principales. Nos levantamos con muchas ganas por lo que, después del desayuno en el buffet del barco, a coste cero gracias al paquete contratado, nos bajamos del barco e iniciamos la ruta.

 

Somos jóvenes, activos e independientes, por lo que consideramos que no era necesario contratar ninguna excursión programada y disfrutar de la ciudad por nuestra cuenta, sin tener que depender de grupos, guías y límites de tiempo.

 

En el puerto nos topamos con infinidad de taxistas que ofrecían sus servicios de transporte por un día completo y que prácticamente realizaban el mismo recorrido que las excursiones que anteriormente habíamos rechazado contratar.

 

Nos decantamos por llevar a cabo una pequeña ruta turística en lo alto de un bus turístico, que nos condujo desde la Piazza Municipio, justo enfrente del puerto, a diversos rincones emblemáticos de la ciudad, como son el Palacio Palladini, la Piazza Vittoria, la Piazza della Repubblica, el barrio de Posillipo, la Via Petrarca, la Piazza dei Martiri, la Piazza Dante o las Catacumbas de San Gennaro.

 

De vuelta al punto de partida decidimos comer en el Ristorante Medina, en plena Piazza Municipio. Pedimos unos deliciosos penne al pomodoro, que hoy en día seguimos recordando como la mejor pasta que hemos comido en la vida. Y con las fuerzas repuestas, nos dispusimos a seguir recorriendo la ciudad.

 

Visitamos el Castel Nuovo, con unas vistas privilegiadas del puerto de Nápoles. Desde allí nos dirigimos a la Plaza del Plebiscito, el centro neurálgico de la ciudad. Seguimos nuestro camino hacia la Galería Umberto I, una zona comercial de gran carga arquitectónica visita obligada para todo turista. Unas cuantas compras por la zona y de vuelta al crucero antes de que este zarpase.

 

Una ducha refrescante para recuperarnos del agobiante calor y una copa en uno de los restaurantes del barco antes de dirigirnos al restaurante, donde nos esperaba una deliciosa cena de productos típicos italianos.

De Nápoles nos quedamos con sus paisajes y su comida, así como con su historia y su arquitectura. Cabe decir que su limpieza y seguridad dejan mucho que desear. El tráfico, como en toda Italia, un absoluto caos, sin embargo eso forma parte de su encanto. 

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