Soñar cuesta muy poco...
Soñar cuesta muy poco...

San Francisco

DÍA 8 – SAN FRANCISCO

 

Primera mañana en la ciudad y tocaba conocerla a fondo. Teníamos que ir a la zona de North Beach, así que en lugar de tomar un tranvía o un autobús, decidimos caminar en dirección noreste desde nuestro hotel. Era un trayecto duro por el calor y las cuestas, pero pensamos que no hay mejor manera de conocer una ciudad que caminándola entera.

Atravesamos Chinatown, entrando por la mítica Dragon’s Gate

El lugar está repleto de restaurantes y tiendas, en las que se pueden comprar productos de todo tipo. Incluso las oficinas bancarias y las corredurías de seguros poseen motivos asiáticos y todos sus carteles están en chino y en inglés. Una curiosidad de esta zona es que fue aquí donde se inventaron las famosas galletitas de la suerte de los restaurantes chinos.

 

Acto seguido, continuando calle arriba por Powell St nos adentramos en Little Italy, la zona italiana de San Francisco, donde abundan los restaurantes de pasta y pizza y en las que todas las farolas tienen la bandera italiana. Allí nos topamos con el Washington Square Park, un amplio espacio al aire libre donde vimos varias personas de raza china practicando yoga y tai chi. Coronando el parque, la majestuosa Saint Peter and Paul Church.

Continuando nuestro camino en dirección este, y tras admirar la imponente Coit Tower, otro de los símbolos de la ciudad, dimos con el Pier 33, en la zona de The Embarcadero.

Desde allí pudimos tomar el ferry de la empresa Alcaraz Cruises para el que habíamos reservado entrada meses antes y que en apenas 30 minutos nos condujo a la famosísima Isla de Alcatraz. El trayecto en barco es espectacular. Desde él tienes vistas privilegiadas de la zona costera de San Francisco y, sobre todo, del Golden Gate. Puedo decir que en el trayecto tomamos cerca de 50 fotografías.

 

Una vez llegados a la isla, un miembro del staff del Servicio de Parques Nacionales de California, que es quien se encarga ahora de la gestión y el mantenimiento del lugar, nos hizo una pequeña charla orientativa de las instalaciones y el tour. Sin más dilación nos dirigimos al puesto de seguridad para recoger nuestra audioguía y adentrarnos en la prisión. Decir que la audioguía es totalmente gratuita, ya que va incluida en el precio de la entrada, que incluye, como es lógico, el trayecto en barco.

La historia de la Prisión de Alcatraz es muy emocionante. Apenas estuvo 29 años en funcionamiento, sin embargo ese periodo tan corto dio para mucho. Hubo numerosos altercados, desde la conocida como Batalla de Alcatraz en 1946, en la que varios presos asesinaron a funcionarios, hasta intentos de fuga, como el ya conocido incidente de 1962, en la que varios presos cavaron un pasadizo desde sus celdas para acabar escapando por los conductos de ventilación mientras dejaban en sus camas una cabeza fabricada en papel maché para que los guardias no sospecharan. Entre sus presos más famosos se encuentra, sin duda, Al Capone, el mafioso por excelencia de la época, al que encarcelaron por evasión de impuestos. En 1963 se ordenó el cierre de la prisión, trasladando a los presos a distintos centros penitenciarios de los alrededores.

 

El tour fue fantástico y a la salida aprovechamos para comprar algún que otro recuerdo del lugar. Tras ello, de vuelta al barco y de nuevo en la ciudad. Nuestra siguiente parada fue el Pier 39, donde se encuentra el muelle conocido como Fisherman’s Warf, un lugar muy turístico, repleto de tiendas, restaurantes y cafeterías. Comimos en una pizzería de la planta superior llamada Luigi’s Pizza, que recomendamos a todo aquel que visite el lugar. La comida fue buenísima y la atención del personal exquisita. El precio, como todo en San Francisco, algo caro. Con el estómago lleno, continuamos visitando la zona, en la que uno se puede perder por horas.

Continuamos bordeando la costa norte hasta Leavenworth St, donde giramos a la izquierda avanzando hasta el cruce con Lombard Street, la calle más famosa del norte de California. En ese cruce es donde uno puede observar el famoso tramo más empinado de la ciudad, un descenso en zigzag en una calle con 40 grados de inclinación en apenas 100 metros de distancia.

 

Estábamos a pocas calles de distancia del inicio de la ruta del Cable Car, el famoso tranvía de San Francisco tirado por cables subterráneos, así que para allá fuimos. El billete cuesta 7$ por persona, así que no es el medio de transporte más barato de la ciudad, pero sí es una experiencia que todo turista debe vivir. Es curioso ver lo rudimentario de la conducción y, en general, la gestión de la máquina, ya que todo se hace de manera manual y todos los elementos están fabricados en hierro y madera. Tras un trayecto muy entretenido nos apeamos en Powell Street, donde visitamos la Cheesecake Factory, en la planta ático del centro comercial Macy’s, desde donde uno puede ver todo San Francisco, especialmente Union Square. Allí comimos un enorme trozo de pastel Red Velvet que prácticamente nos sirvió de cena.

 

Al llegar al hotel, muertos de cansancio, como es costumbre, apenas comimos algo ligero y nos echamos a dormir.

DÍA 9 – SAN FRANCISCO

 

La mañana amaneció radiante. El plan inicial para ese día era otro, pero nos habían hablado de una playa en el noroeste de la ciudad con unas vistas increíbles, así que pedimos un Uber y para allá que nos fuimos. El lugar en cuestión es Baker Beach, una enorme playa en South Bay rodeada de naturaleza desde donde se tienen unas magníficas vistas del Golden Gate en su cara oeste.

 

Consejo: a nosotros nos encanta utilizar Uber para ir a cualquier sitio al que no podamos ir caminando. En este caso, es una de las mejores opciones para moverse entre diferentes puntos de San Francisco, sobre todo si sois 2 personas o más. Además existe la posibilidad de contratar el servicio Uber Pool, algo más económico, en el que el conductor recoge a varias personas a lo largo del camino y las va dejando donde ellas quieren. En el fondo es una forma de compartir gastos con desconocidos.

Una vez finalizada la sesión de fotos, tomamos el autobús número 29 en Lincoln Blvd hasta Fulton St, donde nos bajamos para recorrer la mitad este del Golden Gate Park, el parque más grande de San Francisco y uno de los más grandes de USA. El parque dispone de minibuses que, por un módico precio, te conducen a distintos puntos de la zona, sin embargo, como es habitual, nosotros lo recorrimos caminando. Nuestra ruta empezó bordeando el Stow Lake, un enorme lago lleno de patos y peces; continuamos por el Jardín Botánico, donde vimos varias ardillas que se acercaron a nosotros en busca de comida y que se dejaban fotografiar con naturalidad; caminamos junto al Japanese Tea Garden, el jardín nipón más antiguo de la ciudad; recorrimos los jardines que hay entre el Young Museum y la California Academy of Sciences, y acabamos saliendo del parque por el extremo sureste, cerca del Kezar Stadium, antiguo estadio de fútbol americano que actualmente funciona como lugar de entrenamiento deportivo.

A la salida del parque nos encontramos con Haight-Ashbury, cuna del movimiento hippie y hogar de bohemios en la ciudad. Pese a no ser una zona demasiado segura, dada la cantidad de homeless que hay por las calles, es curioso pasear por sus calles, que están repletas de tiendas de moda hippie o alternativa. Las casas tienen fachadas de varios colores y los locales de música en directo se suceden a lo largo de Haigh St.

A poca distancia de allí, siempre teniendo en cuentas las subidas y bajadas lógicas de la orografía de San Francisco, se encuentra Alamo Square, un hermoso barrio construido alrededor del parque del mismo nombre que se caracteriza por sus casas de estilo victoriano, entre las que destacan las conocidas como Painted Ladies, en Steiner Street. El lugar ha sido utilizado en numerosas ocasiones para rodar películas y series, entre las que destaca Padres Forzosos.

Desde ese punto, nos dirigimos hacia el sur hasta la 16th St para visitar la Misión de San Francisco de Asís o Misión Dolores, edificio más antiguo de la ciudad fundada por misioneros españoles bajo la supervisión de Fray Junípero Serra. Destaca su fachada austera de un inmaculado color blanco que le aporta mucha luz.

Muy cerca se encontraba el último punto de visita del día, Castro, el barrio gay de San Francisco. La zona se divisa desde mucha distancia, ya que en el Pink Triangle se alza un mástil con una enorme bandera multicolor. Además, todas las farolas de la ciudad tienen esa misma bandera, así como fachadas y pasos de cebra.

 

Desde allí tomamos el tranvía de vuelta hasta Powell St y caminamos hacia nuestro hotel en busca de descanso. Por el camino compramos algo para cenar.

DÍA 10 – SAN FRANCISCO

 

Era nuestro último día en la ciudad, nuestro vuelo salía por la tarde, así que teníamos unas horas para continuar conociendo la ciudad.

 

Nos habíamos quedado con ganas de visitar con más calma el Pier 39, así que tomamos el tranvía y para allá que fuimos. En apenas 40 minutos estábamos allí. Paseamos por las tiendas, tomamos algo en una cafetería, etc. Ese día no era para “turistear”, queríamos relajarnos y vivir nuestros últimos momentos en San Francisco sin la agonía típica del último día.

Aprovechamos para hacer algo que no habíamos hecho en nuestra anterior visita a Fisherman’s Warf, ver los leones marinos. La escena es impresionante. No había tantos ejemplares como en Piedras Blancas, pero sí que es cierto que es muy curioso ver este tipo de animales tan cerca de una gran ciudad.

 

Tras una mañana sin mucha historia, solo para nosotros, tomamos el tranvía de vuelta al hotel, donde a primera hora ya habíamos hecho el check-out, para recoger las maletas. En la recepción hay tomas de corriente y sofás con mesas, así que pudimos cargar la batería del móvil y la cámara mientras esperábamos el Uber.

 

En apenas 50 minutos estábamos en el Aeropuerto de San Francisco, facturamos las maletas, comimos algo en uno de los puestos de comida de la terminal y nos dirigimos a la puerta de embarque.

 

-Salida San Francisco a las 16.30h. Llegada a Londres a las 11.05h

-Salida Londres a las 12.50h. Llegada a Palma a las 16.15h

 

Ambos vuelos fueron operados por British Airways. El primer vuelo fue muy cómodo y ameno. El entretenimiento a bordo es genial y la comida abundante. A diferencia del vuelo de ida a Los Ángeles, este avión era un Boeing 777 con asientos en 3-3-3, eso nos impidió estar solos. Se nos sentó al lado un Pakistaní que estuvo durmiendo todo el vuelo! Se saltó todas las comidas! Eso tiene que ser un récord… En el segundo vuelo, de Londres a Palma, de apenas 2 horas de duración, nos sirvieron un sándwich y una bebida, cortesía de la aerolínea. El aterrizaje fue algo movido, pero llegamos vivos.

 

Después de casi 15 horas entre vuelos y escalas, por fin estábamos en casa. La nostalgia nos invadía pero el cuerpo nos pedía volver a la normalidad. Era sábado, podríamos haber alargado el viaje un día más y volver el domingo, pero teniendo en cuenta que el lunes nos tocaba trabajar, preferimos hacerlo así y tener un día para descansar.

 

La experiencia de visitar California es de esas cosas que permanecen en la memoria de uno hasta el fin de sus días. Se nos queda corta la crónica para expresar lo mucho que hemos disfrutado de este viaje y lo mucho que deseamos regresar algún día. Estados Unidos tiene un atractivo especial para nosotros, pero debemos admitir que tras este viaje tenemos una particular predilección por la costa oeste, antigua cuna de forajidos y buscadores de oro convertida hoy en una próspera tierra que, de ser un país, sería la 6ª potencia económica a nivel mundial. California es cultura, es ocio, es entretenimiento, es sol, es mar, es comida, es mezcla de culturas y pueblos, pero sobre todas las cosas, California es la hostia! 

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