Soñar cuesta muy poco...
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Ruta de Santa Maria a Monterrey

Día 5 (16 octubre)

Como cada mañana nos levantamos muy pronto, rehicimos las maletas y las cargamos en el coche. Un energético desayuno en el hall del hotel y a continuar la ruta. El clima parecía que no nos iba a acompañar, pero teníamos muchos sitios por ver y queríamos empezar cuanto antes.

 

La Highway 101 nos condujo hasta la que sería la primera parada del día: Ávila Beach, un encantador lugar de apenas 2.000 habitantes, hogar de surferos y pequeños comerciantes. En nuestra visita pudimos pasear por el bulevar que hay junto a la playa, frente a los comercios, que aún estaban cerrados. Sin embargo, se respiraba ese ambiente playero que se espera de este tipo de lugares.

La siguiente parada de nuestra ruta era San Luis Obispo, la ciudad más grande del condado con el mismo nombre. El principal atractivo, entre otras muchas cosas, es la Misión de San Luis Obispo de Tolosa, una parroquia católica fundada en 1772 por el fraile mallorquín Junípero Serra, cuya misión fue evangelizar a los distintos pueblos de la costa pacífica y que creó hasta nueve misiones a lo largo y ancho de la Alta California. Las sensaciones que nos transmitió el lugar fueron de ciudad acogedora, de tamaño medio, con una arquitectura de claras influencias españolas y con un aire relajado y tranquilo.

A partir de aquí nos apeamos de la Highway 101 para retomar la Ruta 1, en dirección de nuevo a la costa, donde pararíamos en Morro Bay, a apenas 20 minutos de San Luis Obispo. Pequeño pueblo de pescadores con un bonito muelle a partir del que se construye la ciudad, que recuerda ligeramente a San Francisco por sus pendientes empinadas. Desde la zona del puerto pudimos observar la majestuosa Morro Rock, una formación volcánica situada a varios centenares de metros de la costa, en pleno océano, y que con la marea alta se disfraza de isla, donde conviven cantidad de animales y plantas de especies protegidas. Tuvimos la suerte o la desgracia de que hubiera un poco de niebla, por lo que la imagen, pese a no ser del todo nítida, era espectacular: una enorme montaña en medio del agua rodeada de niebla. ¡Parecía una película de terror!

Tras un paseo por el pueblo, retomamos la Ruta 1, bordeando la costa californiana, en dirección norte. De repente, al pasar por el pueblo de Cambria, que no teníamos marcado en nuestra hoja de ruta como parada obligatoria, observamos una multitud de gente de pie en medio de un campo. Al fijarnos bien observamos que no se trataba de personas, sino de figuras de Halloween a tamaño real. Tanta gracia nos hizo que paramos para hacer unas cuantas fotos. No solo nos llamó la atención la decoración de Halloween, sino también la arquitectura de las casas del pueblo, que parecían sacadas de una película del oeste. Os dejamos algunas fotos para que veáis de lo que hablamos.

De nuevo al coche, refugiándonos de la ligera lluvia, que no empapaba pero sí molestaba bastante, y a la carretera. La siguiente parada sería Piedras Blancas, a escasos 3km después de San Simeón, donde se encuentra una de las mejores zonas de toda California desde la que observar a los majestuosos, aunque apestosos, Elefantes Marinos. La escena es absolutamente espectacular. Cientos de ejemplares durmiendo, peleando o simplemente jugueteando a lo largo de una enorme playa, mientras los turistas los observan atónitos. Es realmente digno de ver. Os aconsejamos que no paséis por alto este lugar, os dejará sin palabras.

Con la boca abierta, continuamos la ruta. Nuestra siguiente parada quedaba lejos aún, por lo que nos fuimos parando en algunos de los muchos puntos que existen en la ruta en los que las vistas eran impresionantes. El paisaje pasó de ser de playa y roca a ser de bosque y tierra en apenas unos kilómetros. Los acantilados se sucedían a medida que avanzábamos y las vistas cada vez eran más imponentes. La lluvia apretaba y la niebla en ocasiones era densa, pero no nos impedirían seguir disfrutando del paisaje.

El cabo de unas horas llegamos al que probablemente sea el pueblo más bonito que hemos visto en nuestra vida: Carmel by the Sea, una localidad costera de apenas 4.000 habitantes en los que las casas parecen sacadas de cuentos de hadas y duendes, y en la que las calles no cuentan con alumbrado público. Todo parece muy natural y muy tranquilo. La zona de tiendas, restaurantes y hoteles está muy concentrada y a partir de allí se estructura la zona residencial. Una curiosidad de este municipio es que uno de sus más célebres habitantes es el actor Clint Eastwood, quien, además, fue alcalde durante unos años. Otra curiosidad es que en la Misión de San Carlos Borromeo, que allí se encuentra, descansan los restos de Fray Junípero Serra.

La noche se nos echaba encima y, como hemos dicho, las calles de las zonas residenciales no tienen luz, por lo que decidimos, con mucha pena, abandonar Carmel y llegar al último punto de nuestra ruta: Monterrey. A nuestra llegada realizamos el check-in en nuestro hotel, el The Stevensons Monterey, situado en una de las arterias principales de la ciudad. Sin tiempo para descansar pese a que estábamos agotados, cogimos fuerzas de donde pudimos y nos dirigimos hacia la bahía, para visitar la zona del muelle y los alrededores del majestuoso Acuario de la Bahía, entorno en el que se ambienta la película Buscando a Dory, de Pixar. El lugar es muy animado y está repleto de tiendas y restaurantes con carteles luminosos. Pese a ser tarde, encontramos cantidad de familias con niños paseando por la zona. Agotados pero satisfechos por haber vivido un día tan completo, volvimos al hotel y caímos rendidos.

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