Soñar cuesta muy poco...
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Ruta de Oakhurst a San Francisco

Día 7 (18 octubre)

El despertador sonó y no nos lo podíamos creer. El cansancio y el frío no podrían con nosotros, porque ese día llegaríamos a San Francisco, una de esas ciudades que uno ve en la tele y a las que sueña con ir, pero que parecen tan inalcanzables.

No teníamos el desayuno contratado en el hotel, así que cargamos las maletas en el coche, hicimos el check-out y desayunamos en una cafetería de la zona. Nos esperaban más de 3 horas y media de coche, así que salimos lo antes posible en dirección oeste, tomando la ruta 41 hasta Madera, donde nos desviaríamos para incorporarnos a la 152 hasta Gilroy y tomar, por fin, la 101 norte, hasta San Francisco.

 

El clima nos acompañó en todo momento y abandonamos el frío de las montañas para refugiarnos en el calor de la zona próxima a la costa, que ya se empezaba a hacer notar. Aprovechando el buen clima y el tiempo que teníamos, nos desviamos en Mountainview, Silicon Valley, para visitar Googleplex, cuartel general de Google, nombrada como mejor empresa del mundo para trabajar. El campus tiene unas dimensiones enormes y está lleno de parques, fuentes, zonas de recreo y cafeterías. Fue curioso ver como la mayoría de miembros de la plantilla de trabajadores, cuya media de edad era sorprendentemente baja, se movían por el campus con unas bicicletas de colores con el logo de Google.

Continuamos nuestro camino en dirección norte para adentrarnos en San Francisco. El plan inicial era dejar el coche en la casa de alquiler y empezar a recorrer la ciudad en transporte público, pero nos asombró lo fácil que es circular en coche por el centro, así que en lugar de dejarlo, y dado que aún teníamos varias horas de margen hasta la hora límite, decidimos conducir hasta el hotel, hacer el check-in, dejar las maletas y aprovechar el tiempo que nos quedaba. Nuestra casa para las próximas 3 noches sería el USA Hostels San Francisco, un hostal joven y moderno situado en Post Street, a apenas unas calles de Union Square, epicentro de la ciudad. Las dimensiones de la habitación no eran para tirar cohetes, pero eran suficientes para vivir. El precio, como todo el alojamiento en la ciudad, no era barato, pero la ubicación y las críticas pesaron mucho en nuestra decisión. El hotel es muy dinámico y organiza actividades diarias a las que uno puede apuntarse gratuitamente por ser huésped tales como yoga, baile o tours por la ciudad.

Volvimos al coche y condujimos hacia el norte de la ciudad, atravesando el majestuoso Golden Gate Bridge, símbolo inequívoco de la ciudad, para llegar al hermoso pueblo de Sausalito, un lugar muy turístico que en su día fue hogar de bohemios y artistas y que está repleto de tiendas, restaurantes y casas flotantes. Su arquitectura es preciosa y las vistas de la bahía de San Francisco son inmejorables. Allí aprovechamos para reponer fuerzas y, por primera vez en lo que llevábamos de viaje, pudimos comer algo de ensalada. Por fin comida sana!!

 

A la vuelta, hicimos una parada en Fort Baker, al sur de Sausalito, para contemplar el puente en todo su esplendor. La luz de la tarde nos permitió hacer fotos increíbles del lugar.

 

Se nos echaba el tiempo encima, así que fuimos directos al Aeropuerto, donde debíamos dejar el coche, pasando antes por una gasolinera para llenar el depósito. Por cierto, la gasolina en USA es realmente barata. A lo largo de nuestra ruta llenamos el depósito 2 veces y la factura apenas alcanzó los 35 dólares por repostaje!

El BART nos llevó en apenas 30 minutos desde la Terminal hasta Powell Street, donde empezaríamos a recorrer el centro de la ciudad. De camino paramos en Wallgreens, una cadena de supermercados americana, para comprar provisiones: fruta, agua y alguna que otra chocolatina. Calle arriba nos topamos con Union Square, la principal plaza de la ciudad, rodeada de comercios y con un ambiente muy animado. Continuamos el camino con la intención de explorar los alrededores de la zona centro, llegando, no sin esfuerzo tras subir y bajar tantas cuestas, a Grace Cathedral, un impresionante edificio católico con una fachada principal muy similar a la de la Catedral de Notre Dame de París.

Ya era noche cerrada y estábamos agotados, así que decidimos ir hacia el hotel cuando de camino nos encontramos una mujer paseando un cerdo. Sí, sí, un cerdo! Pero no un cerdo vietnamita de esos pequeñitos, sino un Señor Cerdo! Bien vestido con un jersey y haciendo trucos como darle la patita a su dueña para deleite del personal que lo miraba. Lo que no pase en San Francisco no pasa en ningún sitio!

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