Soñar cuesta muy poco...
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Ruta de Monterrey a Yosemite

Día 6 (17 octubre)

Lo ideal si tu intención es visitar tanto la zona de la costa como la de los Parques Nacionales es hacer una ruta circular. Empezar por Los Ángeles subiendo por la costa hasta San Francisco y volver por el interior o viceversa. Así te aseguras ver las dos caras de California. En nuestro caso, por temas de fechas, era totalmente imposible hacerlo de esa forma, así que reservamos este día para visitar el Parque Nacional de Yosemite, pulmón de la Costa Oeste estadounidense.

Esa mañana, como todas, nos levantamos pronto. Nos esperaban casi 5 horas de coche en las que cruzaríamos todo el Estado en dirección este, abandonando la costa. No realizaríamos paradas nada más que para descansar, estirar las piernas y comer algo. Así que con ganas, nos subimos al coche y nos pusimos en marcha.

 

Las primeras 2 horas de ruta fueron pura autopista. Salimos de Monterrey y tomamos la Ruta 156, que posteriormente se convierte en la 152, hasta el Condado de Madera. Desde allí, tomamos la Raymond Road y posteriormente la BenHur Road. Ambas rutas largas, con muchas curvas y con subidas y bajadas. Pueden ser algo incómodas para los que se marean fácil en coche, pero lo cierto es que te muestran unos parajes increíbles y que seguramente te perderías de ir por otra ruta: ranchos, granjas, campos de cebada, pueblos fantasma, casas del oeste… Una gozada!

Al cabo de 1 hora y media de ruta, que ya empezaba a hacerse pesada, llegamos a Midpines, donde enlazamos con la 140, que nos condujo en apenas 1 hora hasta Yosemite Valley, epicentro del Parque Nacional de Yosemite. La ruta es espectacular. Descendimos todo el valle, bordeando el río, respirando aire puro y haciendo paradas estratégicas para tomar fotos y deleitarnos con el paisaje.

 

Consejo: hay una gasolinera en El Portal, poco antes de la entrada al parque. La gasolina es algo más cara que en otras zonas, pero es conveniente que os paréis si necesitáis repostar, ya que dentro del parque no hay gasolineras. También agradeceréis aprovechar para ir al baño o comprar algo de comer o beber en la tienda.

 

La entrada al parque cuesta 30$, que se pagan en los puestos de entrada a unos amabilísimos guardas forestales.

La ruta en el interior del parque, al igual que la que la precede, es espectacular. Continuamos bordeando el río Merced y a pocos metros nos topamos con la imponente formación rocosa llamada El Capitán, de unos 900 metros de altura (2.300 metros sobre el nivel del mar), la joya de la corona del valle. A escasa distancia se encuentra la Horsetail Fall o Cascada de la Cola de Caballo, cuyo chorro de agua parece atravesar dos montañas para abrirse paso hacia el valle. Es una imagen que te hipnotiza por su belleza. Algo más adelante nos encontramos con los picos conocidos como Los Tres Hermanos (Eagle Peak, Middle Brother y Lower Brother), el mayor de ellos algo más alto que El Capitán, pero definitivamente menos impresionante a la vista. Continuamos nuestra ruta por la zona de camping, llegando hasta el extremo noreste del valle, donde hicimos una parada en el lujoso The Majestic Yosemite Hotel donde nos refugiamos del frío y repusimos fuerzas con una deliciosa hamburguesa.

Consejo II: recomendamos a todo aquel que tenga intención de visitar el parque con coche que aproveche para comprar comida antes de entrar en el parque. Nosotros no lo hicimos, así que no nos quedó más remedio que pararnos a comer en un restaurante. Y podemos decir que el precio que pagamos no fue barato…

 

Desde el hotel tuvimos unas excelentes vistas de la Half Dome, la cima más alta del valle con casi 2.700 metros de altura, un auténtico desafío para escaladores y montañeros. Nosotros nos conformamos con observarla desde lejos y continuar con nuestra ruta. Nuestra intención era visitar Glacier Point, la montaña más al sur del valle, y desde donde dicen que se obtienen las mejores vistas panorámicas. Sin embargo, la ruta más corta estaba cerrada y para acceder debíamos desviarnos y conducir más de 2 horas, por lo que lo descartamos, ya que no queríamos que se nos hiciera de noche en plena montaña.

Consejo III: para nosotros fue imposible, pero aconsejamos a todos los amantes de la naturaleza que, a ser posible, se queden a dormir en el mismo valle, para poder dedicarle el tiempo que realmente se merece. No es descabellado decir que para conocer medianamente la zona y disfrutarla como toca se le deberían dedicar dos días enteros.

Quedaba poco para que la noche cayera y decidimos tomar el camino de salida del parque. Nuestro hotel estaba a las afueras y nos esperaba una ruta de 1 hora y media en coche, así que nos pusimos en marcha. Deshicimos parte del camino recorrido por la mañana y nos desviamos a la altura de Midpines para dirigirnos a través de la 49 hasta Oakhurst, donde nos alojamos en el Best Western Plus Yosemite Gateway Inn, un espectacular complejo de apartamentos. Nos dieron una habitación habilitada para minusválidos, por lo que las dimensiones eran enormes y, además, dado que estábamos ubicados en la planta baja, pudimos aparcar el coche en la misma puerta de la habitación, cosa que fue de lo más cómoda. Una cena ligerita, una ducha reconfortante y directos a la cama.

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