Soñar cuesta muy poco...
Soñar cuesta muy poco...

Día 5, BERLÍN 28 marzo 2016

Amaneció y el día olía a despedida. Habíamos disfrutado mucho de la ciudad y el clima nos había acompañado durante toda la estancia. El apartamento ya era como nuestra casa y nos daba pena dejarlo. Con esa mezcla de tristeza por dejar Berlín y esa alegría por volver a casa que siempre tenemos los mallorquines, acabamos de hacer la maleta, nos duchamos y salimos a disfrutar de nuestras últimas horas en Alemania.

 

Habíamos quedado de nuevo con Mirka para visitar el Palacio de Charlottenburg, a apenas 10 minutos de nuestro apartamento. El edificio, de estilo barroco, fue durante años el lugar de veraneo de los reyes de Prusia allá por el siglo XVII. La entrada cuesta alrededor de 14 euros, sin embargo nosotros optamos por no entrar y decidimos recorrer los majestuosos jardines que lo rodean, un remanso de paz punto de reunión de los ciudadanos de Berlín para realizar actividades deportivas, pasear, descansar junto al lago o dar de comer a las ardillas que por allí campan a sus anchas.

Tras una larga sesión de fotos y un trozo de Apfelstrudel, volvimos al apartamento para recoger las maletas, coger un autobús en dirección a Hauptbahnhof y, desde allí, coger el tren Airport Express hasta el Aeropuerto de Schönefeld. El coste del billete fue de 3,30 euros.

 

Podemos asegurar que Schönefeld es el peor aeropuerto en el que hemos estado en nuestras vidas. Desordenado, caótico, estresante, mal gestionado y agobiante. La imagen que tenemos en España de Alemania es la de un país donde todo está perfectamente pensado y ejecutado. Después de ver el funcionamiento de este aeropuerto puedo decir que el mito no solo se ha caído, sino que ha estallado en mil pedazos contra el suelo.

 

Tras la hora y media más estresante de nuestra vida, cogimos el avión de EasyJet que nos llevaría de vuelta a Palma. Al comparar nuestro aeropuerto con el de Schönefeld casi se nos saltan las lágrimas.

 

16.40h Vuelo directo Berlín Schönefeld - Palma con Easyjet, llegada a Palma a las 19.15h.

Ya estábamos en Palma. Pese a lo estresante de la vuelta, el viaje había sido espectacular. Berlín es la gran capital de Europa y se nota. Su arquitectura, sobria y recta, reflejo del ciudadano alemán y, sobre todo, el berlinés. La gran rehabilitación y reconstrucción llevada a cabo tras ser prácticamente arrasada en la Segunda Guerra Mundial, dejan un escenario moderno y lleno de luz. Berlín es la ciudad de la cerveza, de las salchichas, del contraste de culturas, de la industria, del turismo, pero sobre todo de la historia, que se respira en cada rincón que uno visita. Berlín, te decimos auf wiedersehen, porque la traducción literal es “hasta la vista” y esperamos volverte a ver pronto.

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