Soñar cuesta muy poco...
Soñar cuesta muy poco...

GANTE, DÍA 4 (23 enero 2017)

Volvemos a dirigirnos a la Estación Central para agarrar otro tren en dirección Gante, la ciudad más joven de Bélgica, hogar de la Universidad más famosa del país y con una economía fuerte y sólida, a diferencia de algunas de sus ciudades vecinas.

 

Gante, al igual que Brujas, conserva de maravilla sus vestigios medievales, aunque en este caso los combina con estructuras más modernas y los integra en una ciudad de mucho movimiento, donde uno se puede desplazar principalmente en tranvía o en bicicleta.

 

Tras llegar a la estación, en la que nos costó ubicarnos por estar en obras, y hacernos con un mapa del lugar, nos pusimos en marcha rumbo a la primera parada del día: Gravensteen, el Castillo de Gante, antigua residencia de los Condes de Gante que fue reconvertido posteriormente en cárcel municipal y más tarde en atracción turística. En él se muestra una gran colección de armas, así como instrumentos de tortura. La entrada cuesta alrededor de 10 euros e incluye una audioguía muy útil para entender lo que uno está visitando. Es una visita interesante para los amantes de la historia.

 

La siguiente parada del día fue la principal plaza de la ciudad, Korenmarkt, que antiguamente fue uno de los principales centros de comercio del país y que se encuentra rodeada de edificios históricos, como la antigua oficina de correos o la Iglesia de San Nicolás. A pocos metros se encuentra Belfort van Gent, el campanario de 91 metros de altura desde el que uno obtiene las mejores vistas de la ciudad. Nosotros decidimos no subir, ya que la niebla era espesa y la vista era bastante deficiente. Junto a él, el Stadhuis, o Ayuntamiento, con su impresionante fachada gótica.

Calle abajo encontramos uno de los atractivos turísticos más importantes de Gante, la Catedral de San Bavón, centro religioso de la antigua Gante que alberga infinidad de tesoros entre los que destaca el retablo de la Adoración del Cordero Místico, obra de Hubert y Van Eyck, y en la que fue bautizado Carlos V.

 

Continuamos explorando la ciudad, que se recorre en apenas una horas dado su reducido tamaño y su inmejorable red de transporte público. Para los amantes de los museos, Gante puede ser una muy buena opción ya que la oferta es inagotable.

Tras una ligera comida en un centro comercial, decidimos tomar el tren de regreso a Bruselas. Creemos que el clima, que ese día no nos acompañó, y el cansancio acumulado, no nos dejaron disfrutar completamente de una ciudad a la que le debemos una nueva visita.

 

La tarde-noche la empleamos en continuar recorriendo callejuelas de Bruselas y comprar algún que otro souvenir. Era lunes, pero el ambiente en las calles era muy animado, así que decidimos cenar algo por el centro antes de volver al hotel.

 

 

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