Soñar cuesta muy poco...
Soñar cuesta muy poco...

Bruselas, DÍA 1 (20 enero 2017)

 

              10.00h Vuelo directo Palma – Bruselas Zaventem con Ryanair.                      Llegada a Bruselas a las 12.25h.

 

El vuelo con Ryanair fue genial. Puntual y sin sobresaltos. Llegamos a Bruselas pasadas cerca de 2 horas desde el despegue. Dado que no facturábamos maleta, la salida de Aeropuerto fue rápida. Llegamos a la estación que hay en la misma terminal y compramos los billetes de tren hasta Bruselas Central, con un coste de 8,70€ por trayecto.

En poco más de 30 minutos estábamos en la estación central de Bruselas y caminando apenas 3 minutos nos adentramos en el pleno centro de la ciudad, donde se encontraba nuestro hotel, el Mozart Hotel, un establecimiento muy recargado en decoración y algo viejo y pequeño, no apto para claustrofóbicos, pero que se encontraba excelentemente situado, en una zona rodeada de restaurantes y pubs y a apenas 50 metros de la Grand Place. Un lujo!

 

Check-in y a la calle, a explorar Bruselas. Como es normal, nuestra primera parada fue la Grand Place, el centro neurálgico de la ciudad. Las callejuelas que dan a ella no avisan de su esplendor. Uno camina y de repente se topa con tal imagen. El conjunto arquitectónico más bello de toda la capital belga. Entre sus edificios más emblemáticos se encuentran el Hôtel de Ville o Ayuntamiento de Bruselas, la Maison Du Roi, la Maison des Ducs de Bravant, Le Pigeon y uno de los bares más famosos, Le Roy d’Espagne. Pese al frío, el ambiente de la plaza era espectacular y aprovechamos para hacernos algunas fotos mientras admirábamos las increíbles fachadas con cara de embobados.

Dado que el sol lucía en todo su esplendor, decidimos agarrar un metro y dirigirnos al norte, para admirar de mejor manera el impresionante Atomium, sin duda la atracción turística más conocida de Bruselas. Figura principal de la Expo 1958, el Atomium representa un átomo de hierro ampliado 165.000 millones de veces, alcanzando una altura de 102 metros y formada por 9 esferas comunicadas entre sí por tubos. El interior es algo decepcionante y la entrada algo cara (unos 12 euros), pero vale la pena llegar aquí para admirarlo aunque sea solo desde el exterior.

El sol iba cayendo y con la noche el frío se notaba más intenso, así que volvimos al centro para callejear un poco y admirar la infinidad de comercios locales que posee Bruselas: chocolaterías artesanales, librerías, tiendas de decoración, restaurantes. Es una ciudad viva!

 

Nos refugiamos del frío entrando en las Galeries Royales St. Hubert, las más antiguas de Europa, lugar de las tiendas de marca y los restaurantes de lujo, y punto de encuentro de artistas e intelectuales. Allí pudimos tomar un café y comer el primer gofre del viaje, que resultó ser, con diferencia, el más caro de todos.

Tras ello, continuamos bordeando la Grand Place, empapándonos de la vida nocturna belga, hasta llegar al archiconocido Manneken Pis, la estatua del niño orinando que se ha convertido en símbolo de Bruselas.

 

Después de una larga sesión de fotos y mucho cachondeo, cenamos en las inmediaciones de la plaza y volvimos al hotel para descansar.

DÍA 2 (21 enero 2017)


 

El día amaneció frío, muy frío, pero el cielo estaba despejado y parecía que a medida que el sol fuese ascendiendo la sensación gélida iría disminuyendo. Qué ilusos…

 

Agarramos un metro y en apenas 10 minutos llegamos a la parada de Merode, al este de Bruselas, para visitar el majestuoso Parque del Cincuentenario, uno de los parques más famosos de la ciudad y hogar del Palacio del Cincuentenario, uno de los edificios más representativos de la capital belga y cuya imagen recuerda claramente a la Puerta de Brandeburgo de Berlín. Actualmente el recinto alberga 3 museos: el Museo de Historia Militar, el Museo del Cincuentenario y el Autoworld.

 

Siguiendo nuestro camino hacia el centro de la ciudad, por la Rue Belliard, hacemos un pequeño parón para visitar el Barrio Europeo, lugar clave de la política de la Unión Europea en el que se toman decisiones que acaban afectándonos a todos directa o indirectamente. Sin entrar en opiniones políticas, decir que los edificios que lo componen son realmente espectaculares y que el recinto es, según nuestra opinión, visita obligada si uno pasa un par de días en Bruselas.

 

La Rue du Luxembourg nos condujo hasta el Parque de Bruselas, el principal lugar de esparcimiento de los locales, un amplio espacio verde que sirve de pulmón de la ciudad y que está flanqueado por el Palacio Real, que es la sede de la monarquía belga; el Palacio de la Nación, los Museos Reales de Bellas Artes y el Museo de Instrumentos Musicales.

Doblando a la izquierda y atravesando la Place Royale, que antaño fue una de las plazas más importantes de la ciudad, llegamos a la majestuosa Iglesia de Notre Dame su Sablon, edificio religioso de estilo gótico construido en el siglo XV que se asemeja a la Catedral de Bruselas pero con un tamaño algo más reducido. El interior, algo sobrio, presenta una iluminación mágica, gracias a la luz que atraviesa sus vidrieras, de más de 15 metros de alto.

Ya en el centro de Bruselas, en las inmediaciones de la Grand Place, paramos en la Boutique Tintin, la casa oficial del famoso personaje de Hergé, en el que pudimos comprar un cómic en francés y añadirlo a nuestra colección de cómics y libros de nuestros viajes. También paramos en La Belgique Gourmande, una tienda de productos típicos belgas en la que, por supuesto, se vende principalmente cerveza y chocolate. Paramos a comer en el restaurante Hard Rock Café, que se encuentra en plena Grand Place, y volvimos al hotel a descansar.

Tras dejar las compras y descansar unos minutos, volvimos a retomar la marcha, aprovechando las horas de sol que nos quedaban. Nuestra primera parada fue la Jeanneke Pis, réplica femenina del famoso Manneken Pis, una niña esculpida en bronce colocada en cuclillas como si estuviera orinando. La figura está en un callejón sin apenas circulación, colocada en una especie de altar a demasiada altura para un español medio y protegida por rejas metálicas de seguridad. Es un poco desilusionante, ya que es difícil apreciarla y fotografiarla decentemente.

La siguiente parada era la Catedral de Bruselas, a escasos 5 minutos del centro, principal edificio religioso de la ciudad, de marcado estilo gótico, cuyo nombre original es Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. Saqueada en numerosas ocasiones a lo largo de la historia, el interior se presenta algo sobrio. Es una visita obligada para todo aquel que visite la ciudad.

 

Por último, para coronar el día, volvimos atrás en nuestros pasos, en dirección este, para visitar el Instituto Real de Ciencias Naturales, un museo situado en pleno Barrio Europeo que alberga la mayor colección de esqueletos de dinosaurios de Europa. Es una visita interesante tanto para niños como para mayores. La entrada es relativamente barata, unos 7 euros, y el recinto incluye un guardarropía gratuito y una cafetería. Creemos que el contenido del museo bien vale el precio de la entrada. Muy recomendable.

Ya de camino para el hotel, con los pies hechos polvo de tanto caminar, pero contentos de la experiencia vivida, nos quedaba otra cosa muy importante por hacer: comernos un gofre! Así que nos paramos en un local al otro lado de la Grand Place y pedimos varios para llevar. El frío nos congelaba las manos, pero no podíamos resistirnos. Y es que la vida de gordos es la mejor vida!

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