Soñar cuesta muy poco...
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BRUJAS, DÍA 3 (22 enero 2017)

Tercer día en Bélgica. El día era frío pero soleado. Nos levantamos pronto y nos dirigimos hacia la Estación Central para agarrar un tren. Hoy era el día de ver la que se conoce como la ciudad medieval mejor conservada del mundo: Brujas.

 

Conocida como la Venecia del Norte, por la cantidad de canales que la atraviesan, Brujas fue una próspera ciudad allá por el siglo XV, puesto que servía de centro de rutas comerciales en el norte de Europa. Su decadencia llegó a principios del siglo XVI y duró hasta bien entrado el siglo XX, cuando el gobierno belga la restauró prácticamente por completo y la convirtió en un importante destino turístico del país. Actualmente, más de 3 millones de visitantes visitan sus empedradas calles cada año, convirtiéndola en la ciudad más visitada de Bélgica, por delante de la propia Bruselas.

Brujas puede visitarse en apenas unas horas, ya que sus dimensiones son reducidas, el problema (o mejor dicho, la ventaja) es que todo es tan pintoresco y tan atractivo, que es imposible no pararse cada 30 metros a hacer una foto, así que os recomendamos, como hicimos nosotros, que le dediquéis un día entero.

Abandonamos Stationsplein para entrar en el casco antiguo de la ciudad. Nuestra primera parada fue Minnewater o Lago del Amor, un lugar muy bonito y muy fotografiable. El agua de los canales estaba completamente congelada. De hecho, los cisnes picaban el hielo con el pico para poder abrirse paso y cruzar de lado a lado. A pocos metros encontramos la Sashuis o Casa de la Esclusa, que servía para regular el nivel de agua de los canales. Desde allí nos adentramos en Begijnhof, el antiguo beaterio de la ciudad, donde las mujeres se encargaban de cuidar a los enfermos. En su patio encontramos la Iglesia de Santa Isabel. Actualmente el recinto sirve de hogar de una pequeña congregación de monjas benedictinas.

Atravesando el río en dirección noreste, nos topamos con Katelijnestraat, una de las calles más animadas de la ciudad, que desemboca en la majestuosa Iglesia de Nuestra Señora, la más famosa de Brujas, y que posee la torre más alta del lugar, con 122 metros de altura. Continuamos por Wollestraat en dirección norte, haciendo una pequeña parada en The Bottle Shop, un auténtico orgasmo para los amantes de la cerveza, ya que tienen más de 600 variedades de cerveza en todos los formatos imaginables.

A pocos metros, nos topamos con el auténtico centro neurálgico de Brujas, Markt o Place de Bruges. Alrededor de esta plaza adoquinada, se concentran los principales edificios de la ciudad, como Belfort, un campanario de 83 metros de altura que, pese a no ser el más alto, es el más famoso; el Bruges Beer Museum, museo de la cerveza; o el Provinciaal Hof, de estilo neogótico, que fue diseñado como residencia del gobernador, aunque en la actualidad no se emplea como tal.

A pocos metros de Markt, se encuentra la segunda plaza más importante de Brujas, Burg, cuyo principal atractivo es el Stadhuis, el Ayuntamiento de la ciudad, que muestra su espectacular fachada del siglo XV. Junto a él, la pequeña Basílica de la Santa Sangre, de estructura románica, cuyo principal atractivo reside en la capilla superior, donde se encuentra una especie de ampolla de la que dicen contiene un trozo de tela con la sangre de Jesucristo.

 

Tras una deliciosa comida en un restaurante en las inmediaciones de Markt, decidimos alejarnos ligeramente del centro, llegando hasta la parte sur del canal que rodea completamente la ciudad. Allí pudimos pasear y hacernos fotos con los diferentes molinos, como el Sint-Janshuis Mill o el Koeleweimolen. Siguiendo nuestro camino junto al canal, llegamos a Minnewaterpark, el parque que precede al Lago de Amor, que fue nuestra primera visita del día.

Con mucha pena por abandonar esta hermosa ciudad, volvimos a la estación no sin antes comprar algo dulce para el camino.

 

Llegamos a Bruselas de noche, algo normal si tenemos en cuenta que oscurecía a eso de las 17h. Una breve parada en el hotel para descansar y de nuevo en marcha.

 

No nos queríamos ir de Bruselas sin vivir una de las experiencias que debe vivir todo amante de la cerveza, y es ir a Delirium Tremens Café, la cervecería más famosa de Bélgica, que ostenta el Record Guiness al establecimiento con más variedades de cervezas del mundo, con casi 3.000. Está ubicado justo enfrente de la Jeanneke Pis y tiene 3 pisos. La barra tiene infinidad de tiradores de cerveza y los camareros no paran de servir pintas a diestro y siniestro. Es una verdadera experiencia y nos alegramos mucho de poder haberla vivido en primera persona.

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