Soñar cuesta muy poco...
Soñar cuesta muy poco...

Sidney, Australia (Día 1)

Aterrizamos en Sydney a primera hora del día 28 de junio. Tras pasar el control de seguridad y recoger las maletas, nos dirigimos a la estación de tren del aeropuerto para tomar el Airport Link, cuyo coste es de 17,90$ por persona. Nos bajamos en la estación de Circular Quay y caminamos unos 3 minutos hasta nuestro hotel, el Russell Hotel, un establecimiento situado en The Rocks, la zona del puerto repleta de tiendas y restaurantes y desde la que se obtienen las mejores vistas de la bahía de Sydney. La habitación era acogedora y la cama muy cómoda. Después de instalarnos, nos pusimos en marcha.

La primera parada fue Circular Quay, la zona portuaria de la ciudad, donde convergen dos de los principales iconos de Sydney, el Puente de la Bahía y la Ópera. Desde este punto parten y arriban ferrys que conectan el centro de la ciudad con otras partes de la misma. Desde la zona del muelle se obtienen unas vistas increíbles de la bahía y es una zona de ocio y restauración muy animada.

Tras una larga sesión de fotos y una buena caminata, continuamos nuestro viaje por George St. en dirección al centro financiero de Sydney, haciendo una parada en el famoso edificio The Strand Arcade, que data del año 1892 y que era uno de los principales centros comerciales de la época. Hoy en día se mantienen algunos negocios muy exclusivos, la mayoría de ellos de ropa y complementos, y es visita obligada en la ciudad.

La misma George St. nos condujo hasta otros lugares de interés turístico como el Town Hall o Ayuntamiento de Sydney, el Edificio Queen Victoria o la Catedral de St Andrew's. Torciendo por Hay St. Nos topamos con Chinatown. Se notaba dónde estábamos porque todos los carteles estaban escritos en chino. No se diferencia mucho de otros Chinatown que hemos visitado, como el de Londres o el de Nueva York, pero definitivamente sigue siendo menos impresionante que el de San Francisco. En la zona se ubica Paddy's Markets, una especie de mercado chino que se convirtió en nuestra zona favorita de compra de souvenirs. No creo que un turista pueda adquirir recuerdos de la ciudad a un precio más bajo en ningún otro lugar. Ojo: lunes y martes cerrado!

La luz del día nos iba abandonando poco a poco, así que decidimos tomar el camino de vuelta hasta Circular Quay, donde nuevamente tomamos fotos de la bahía, la Ópera y el Puente, esta vez en plena noche y con los edificios iluminados. Cenamos en un restaurante italiano en la zona de The Rocks y volvimos al hotel para disfrutar de nuestra primera noche en Australia.

Sidney, Australia (Día 2)

La reserva del hotel incluía desayuno. Este se ofrecía en el bar de la planta de abajo, así que allí nos dirigimos. La verdad es que la oferta era muy completa: tostadas, bollería, huevos, zumos, café, etc.

 

Con las pilas cargadas, comenzamos la ruta del día. Caminamos desde nuestro hotel, atravesando de nuevo la zona del muelle, hasta el Jardín Botánico, desde donde se obtienen las mejores vistas panorámicas de la bahía y de sus edificios emblemáticos. El día amaneció frío, pero la luz era genial y las fotos fueron alucinantes. Tras la sesión, exploramos el parque de punta a punta, conociendo rincones como Mrs Macquarie's Chair o The Domain, hasta llegar a su extremo sur, donde se ubica la majestuosa Catedral de St. Mary, la mayor de la ciudad, hogar del Arzobispo de Sydney. El edificio es impresionante y se encuentra flanqueado por el principal parque de la ciudad, Hyde Park, que recibe su nombre en honor al parque homónimo situado en la ciudad de Londres. No olvidemos los lazos que unen el Reino Unido y Australia, de los que uno no puede abstraerse, ya que la ciudad está repleta de imágenes de la Reina Victoria y la moneda local presenta la imagen de la Reina Isabel II.

Atravesando el parque, en dirección al CBD, nos topamos con la Sydney Tower, el edificio más alto de la ciudad, inaugurado en el año 1981, cuya altura total es de 309 metros y desde donde se obtienen las mejores vistas panorámicas de Sydney. La entrada cuesta 28$ por persona y da acceso a una presentación en 4D y, como no, al mirador de la torre. La experiencia es emocionante, sobre todo si, como nos ocurrió a nosotros, el cielo está despejado. Desde las alturas se aprecia el trazado ordenado de las calles de la ciudad y se pueden admirar tanto sus enormes rascacielos como la zona de la bahía.

La ruta programada nos llevaría más tarde a una zona algo alejada del centro, pero que es famosa entre locales y visitantes: Bondi Beach. Esta zona está repleta de surferos, bañistas y curiosos. La playa ya es en sí misma un atractivo, pero el paseo marítimo que la recorre y que la conecta con Cogee, es una de esas experiencias que te hace amar la costa australiana.

 

Ya de noche, tras haber hecho una parada en el hotel para ducharnos y quitarnos la arena de la ropa, agarramos un autobús en dirección a la otra punta de la ciudad, donde allá por el 2000 se celebraron los JJOO de Sydney: el Parque Olímpico, más concretamente al ANZ Stadium, donde se celebraba el partido de la NRL (Liga Nacional de Rugby) que enfrentaba a los Parramatta Eeels, equipo local, contra los Canterbury Bulldogs. Habíamos comprado las entradas con unos meses de antelación, así que nos ahorramos las colas en taquilla y el acceso al estadio fue muy rápido. Ninguno de nosotros es un experto en rugby, es más, íbamos bastante perdidos, pero podemos decir que la experiencia, tal y como pasa con los partidos de la NBA o las veladas de boxeo, traspasan lo deportivo, y son verdaderamente espectáculos de multientretenimiento: comida, venta de merchandising, concursos, kiss cam, etc. En esta parte del mundo el rugby es toda una religión y en día de partido uno puede respirar ese ambiente por las calles.

Había sido un día completísimo, así que, cansados, arrastrando algo de jet-lag y sabiendo lo que nos esperaba al día siguiente. Nos fuimos a dormir, con la barriga y la memoria de la cámara llenas por igual.

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