Soñar cuesta muy poco...
Soñar cuesta muy poco...

Brisbane

Nos despertamos pronto, aunque la sensación era diferente. Habíamos dormido en un hotel. Ya ni nos acordábamos lo que era eso. La cama de la caravana era cómoda, pero donde esté una cama normal, que se quite todo. El clima era espectacular, unos 20º teniendo en cuenta que allí era invierno. El sol brillaba y a ciudad de Brisbane nos esperaba.

 

Habíamos leído que se podía recorrer el río en un ferry gratuito, así que nos dirigimos a la parada de North Quay, donde cuando apenas llevábamos 2 minutos esperando apareció el City Hopper, un pequeño barco de color rojo con el que navegamos a través de las tranquilas aguas del río de Brisbane y desde el que pudimos tomar infinidad de instantáneas del skyline, del puente y de la zona de South Bank. Llegamos hasta la última parada y dimos la vuelta, apeándonos en la parada de Eagle Street.

 

Continuamos a pie por Elizabeth St, donde se encuentra la majestuosa Catedral de St. Stephen, edificio católico construido en el 1864. Su interior, sobrio y elegante, contrasta con lo ostentoso y recargado de los edificios religiosos de Europa.

 

La ruta nos condujo de nuevo al centro neurálgico de la ciudad: Queen Street Mall, una calle peatonal repleta de tiendas y restaurantes donde uno puede satisfacer su instinto consumista. Allí aprovechamos para pasear, comer y comprar algún que otro souvenir de la ciudad. En esta zona se encuentra el Brisbane Arcade, uno de los centros comerciales más antiguos de la ciudad.

Al extremo suroeste de la calle, en Redacliff Place, frente al espectacular edificio del Treasury Casino, encontramos un mercado de comida y artículos del hogar. La plaza estaba abarrotada de casetas y puestos de venta de jabones, pasteles, helados, fruta y… paella! Hay oferta para todos los gustos.

 

Tras comer algo por la zona, decidimos volver al hotel a recoger las maletas, ya que quedaba poco para que nuestro vuelo rumbo a Nueva Zelanda partiera. Nos dirigimos a Central Station, donde agarramos el Airtrain y nos dirigimos nuevamente al Aeropuerto Internacional de Brisbane.

 

  • Salida Brisbane a las 18.20h. Llegada a Christchurch a las 23.45h.

El vuelo fue operado por Virgin Australia. La duración era de unas 3 horas. El avión estaba impecable, parecía nuevo. Además, estaba medio vacío. Podemos decir que en una nave con capacidad para unas 180 personas, apenas íbamos 30, así que había espacio de sobra para estirarse. Los asientos eran cómodos y disponíamos de entretenimiento a bordo. Además, nos sirvieron bebidas y comida. Todo genial!

Llegamos a Christchurch casi a media noche. La diferencia de temperatura era notable. Pasábamos de ir en manga corta a llevar jersey, bufanda y chaqueta y rondar los 5º. Dado la hora de llegada habíamos reservado habitación en el Hotel Jucy Snooze, en las inmediaciones del aeropuerto, y, dado que se trataba de la misma compañía con la que habíamos alquilado un coche para el día siguiente, el precio se vio considerablemente rebajado. El hotel era pequeño pero muy limpio y cuidado. La habitación estaba muy bien equipada y el check-in fue rápido. Después de la paliza del avión no tardamos mucho en quedarnos dormidos.

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